martes, 30 de marzo de 2010

LOS APARATOS IDEOLOGICOS DEL RETRETE...


A esta altura del milenio, todos sabemos que las ideologías no están muertas, sin embargo han dejado de frecuentar los lugares donde solían representarse colectivamente. Es raro verlas por las barricadas, corriendo ardorosamente por las calles de la historia, ya no es tan habitual leerlas pintarrajeadas en las paredes de las iglesias y de los edificios públicos. Sucede que las movilizaciones humanas se han reducido al mínimo dividendo, al individuo en “su aquí y ahora”, o al “el hombre y su circunstancia”. Justamente por ello, hoy más que nunca, siguen siendo las prácticas cotidianas las que nos definen ideológicamente, y por tanto, todos nuestros actos, por más íntimos que estos sean, están atravesados por alguna ideología.

Ahora bien, para poder encontrarse con una ideología cara a cara, hay que seguirla bien de cerca, no hay que perderle pisada, si es necesario hay que perseguir al “individuo” hasta el baño. Porque inclusive ahí, donde el “hombre” cumple con sus necesidades fisiológicas, también ahí, especialmente ahí, es donde el “individuo” se constituye en sujeto de la ideología.

Para Slavoj Zizek (académico autoproclamado “postmarxista”) la estructura del inodoro y la manera en la que tratamos a nuestros excrementos todos los días, es lo que nos constituye, entre otras prácticas cotidianas, en sujetos ideológicos: “Tenemos los retretes franceses, en los que el agujero para el excremento está atrás; la idea es que caiga directamente dentro, y desaparezca tan pronto como sea posible. Luego tenemos los ingleses, o los anglosajones, donde [el popo] flota en el agua. Luego tenemos el alemán, que es el más obsceno, por supuesto. El agujero está en la parte de adelante, y hay sólo un poco de agua en el agujero, en su mayor parte la taza es como una meseta. La idea es que tu excremento caiga ahí, para que no se pierda esa vieja y desagradable tradición germánica de inspeccionar cada mañana la taza y olerla, y buscar algún rastro de enfermedad.”

Esta escatológica teoría de nuestro amigo esloveno, no se entendería si no nos explicara lo de la “trilogía europea” (Alemania – Francia – Inglaterra): “Europa, como entidad espiritual, se estructura alrededor de tres polos, cada uno de los cuales representa a una nación determinada, una actitud concreta hacia la vida, y un determinado nivel de vida social. Los alemanes son políticamente conservadores, y el nivel de vida es poesía, pensamiento, contemplación. Los franceses: política en el nivel de vida, y políticamente, revolucionarios de izquierdas. Los ingleses: economía como estilo de vida, y liberales moderados en política”

Slavoj completa su idea, argumentando que el “sujeto” europeo se comporta en la vida y en la política, de igual manera que se comporta con sus heces. El acercamiento del francés a su excremento es “política radical: cae, desaparece, es como la guillotina”. Los anglosajones, más pragmáticos y liberales, lo dejan flotar ahí, mientras se dicen a sí mismos “ya resolveremos el problema”. Los alemanes, más proclives a la poesía: lo contemplan y lo miran bien antes de deshacerse del producto de sus tripas.

En resumen, y a la espera de un nuevo paradigma que nos libere de la más antigua, escamosa y repugnante de las preguntas filosóficas “¿qué hacer con ese embarazoso excremento que sale de nuestro cuerpo?”, nos complacemos en coincidir ampliamente con este pensador, y afirmar que es “fácil decir que no hay ideología, pero vas al baño, y te sientas encima de la ideología”.
Don Cósimo

martes, 30 de marzo de 2010

LOS APARATOS IDEOLOGICOS DEL RETRETE...


A esta altura del milenio, todos sabemos que las ideologías no están muertas, sin embargo han dejado de frecuentar los lugares donde solían representarse colectivamente. Es raro verlas por las barricadas, corriendo ardorosamente por las calles de la historia, ya no es tan habitual leerlas pintarrajeadas en las paredes de las iglesias y de los edificios públicos. Sucede que las movilizaciones humanas se han reducido al mínimo dividendo, al individuo en “su aquí y ahora”, o al “el hombre y su circunstancia”. Justamente por ello, hoy más que nunca, siguen siendo las prácticas cotidianas las que nos definen ideológicamente, y por tanto, todos nuestros actos, por más íntimos que estos sean, están atravesados por alguna ideología.

Ahora bien, para poder encontrarse con una ideología cara a cara, hay que seguirla bien de cerca, no hay que perderle pisada, si es necesario hay que perseguir al “individuo” hasta el baño. Porque inclusive ahí, donde el “hombre” cumple con sus necesidades fisiológicas, también ahí, especialmente ahí, es donde el “individuo” se constituye en sujeto de la ideología.

Para Slavoj Zizek (académico autoproclamado “postmarxista”) la estructura del inodoro y la manera en la que tratamos a nuestros excrementos todos los días, es lo que nos constituye, entre otras prácticas cotidianas, en sujetos ideológicos: “Tenemos los retretes franceses, en los que el agujero para el excremento está atrás; la idea es que caiga directamente dentro, y desaparezca tan pronto como sea posible. Luego tenemos los ingleses, o los anglosajones, donde [el popo] flota en el agua. Luego tenemos el alemán, que es el más obsceno, por supuesto. El agujero está en la parte de adelante, y hay sólo un poco de agua en el agujero, en su mayor parte la taza es como una meseta. La idea es que tu excremento caiga ahí, para que no se pierda esa vieja y desagradable tradición germánica de inspeccionar cada mañana la taza y olerla, y buscar algún rastro de enfermedad.”

Esta escatológica teoría de nuestro amigo esloveno, no se entendería si no nos explicara lo de la “trilogía europea” (Alemania – Francia – Inglaterra): “Europa, como entidad espiritual, se estructura alrededor de tres polos, cada uno de los cuales representa a una nación determinada, una actitud concreta hacia la vida, y un determinado nivel de vida social. Los alemanes son políticamente conservadores, y el nivel de vida es poesía, pensamiento, contemplación. Los franceses: política en el nivel de vida, y políticamente, revolucionarios de izquierdas. Los ingleses: economía como estilo de vida, y liberales moderados en política”

Slavoj completa su idea, argumentando que el “sujeto” europeo se comporta en la vida y en la política, de igual manera que se comporta con sus heces. El acercamiento del francés a su excremento es “política radical: cae, desaparece, es como la guillotina”. Los anglosajones, más pragmáticos y liberales, lo dejan flotar ahí, mientras se dicen a sí mismos “ya resolveremos el problema”. Los alemanes, más proclives a la poesía: lo contemplan y lo miran bien antes de deshacerse del producto de sus tripas.

En resumen, y a la espera de un nuevo paradigma que nos libere de la más antigua, escamosa y repugnante de las preguntas filosóficas “¿qué hacer con ese embarazoso excremento que sale de nuestro cuerpo?”, nos complacemos en coincidir ampliamente con este pensador, y afirmar que es “fácil decir que no hay ideología, pero vas al baño, y te sientas encima de la ideología”.
Don Cósimo